lunes, 30 de enero de 2012

Diosas, reinas... Mujeres.





HIMNO DEDICADO A LA DIOSA ISIS,
(Diosa universal, símbolo de la vida, protección y fertilidad)

Porque yo soy la primera y la última
yo soy la venerada y la despreciada
yo soy la prostituta y la santa
yo soy la esposa y la virgen
yo soy la madre y la hija
yo soy los brazos de mi madre
yo soy la estéril y numerosos son mis hijos
yo soy la bien casada y la soltera
yo soy la que da a luz y la que jamás procreó
yo soy el consuelo de los dolores del parto
yo soy la esposa y el esposo
y fue mi hombre quien me creó
yo soy la madre de mi padre
soy la hermana de mi marido
y él es mi hijo rechazado
Respetadme siempre...
Porque yo soy la escandalosa y la magnífica (...)



Este himno a la diosa Isis, se popularizó a partir de la obra de Paulo Coelho, ONCE MINUTOS.... Es un texto conocido y citado, un himno cuya antigüedad podría ser (s. IV a de C) aunque no se sabe con certeza.

La diosa Isis entronizada amamantando a su hijo Horus, (tal y como se muestra en la fotografía) esta presente en múltiples esculturas y también en figurillas. Todas ellas de culto o con un significado similar al del amuleto. Isis era todo lo que una mujer en un régimen social de matriarcado podía dispensar.., la mujer era libre de acceder al mandato, como lo podía ser un varón (así lo demuestran las listas de reinas encontradas en estelas mesopotámicas y, también, en Egipto). Venerada, honrada, la mujer en las antiguas culturas era el ser que más directamente vinculaba la naturaleza al ser creado. El don natural de dar la vida, y un poder natural para dirigirla. El culto a la fertilidad como legado de culturas ancestrales neolíticas, estuvo estrechamente presente tanto en la espiritualidad, como posteriormente en las religiones de los más poderosos imperios de la Antigüedad; desde los tiempos más arcaicos como en la Antigüedad tardia. Primero en el reino de Akad donde el culto a Inanna, diosa de la fecundidad, desembocaría un nuevo culto, el de la diosa Ishtar. La Herencia de las deidades femeninas recorrió no sólo la Media Luna fértil, , su culto se extendió por las vastas tierras bañadas por las calidas aguas del ancestral Nilo. Allí se erigieron templos donde las mujeres guardaron el culto a Isis, sacerdotisas que en excelsos rituales ofrecían sus tibios y jóvenes cuerpos, como símbolo de la generosidad carnal..., allí donde las representaciones pétreas no podían prometer lo más representativo de la humanidad; la descendencia... Mujeres, madres, para asegurar el futuro de la sangre. Mujeres veneradas por sus vientres fértiles, mujeres que son como la tierra; acogedoras, generosas, que saben compensar el esfuerzo, ofreciendo de sus entrañas el mejor de los frutos... A la madre tierra ofrecía el hombre su semilla, para que esta le devolviera un vergel... El hombre aprendió a enterrar a sus muertos en la tierra, si la semilla muerta revivía de nuevo en su seno.., ¿por qué no lo iba a hacer él?

Es así como aprendió el hombre a creer, a esperar la transformación de un cuerpo muerto en la resurrección de una carne viva, siempre la esperanza de la vida. Siempre el culto a la Tierra, con sus ciclos vitales. Diosa Tierra, madre y protectora. Es así como la mujer neolítica era vista, madre amorosa, luchadora, Tierra, en definitiva, todo lo que nos es carnal.... Así lo heredaron los griegos y con ellos los romanos, en esa inmensa Koiné, abierta a ese gran Mediterráneo. Los periodos arcaicos son ejemplo aun, del culto a las diosas, posteriormente, la jerarquización masculina se irá extendiendo, con el contacto de pueblos indoeuropeos. Aparece la admiración por la guerra, por la fuerza, por el poder de dar muerte. La figura del guerrero, unida más a conquista que a la defensa, dará como resultado que, el más poderoso sea observado por la fuerza, la violencia se abre camino entre la paz, pues las civilizaciones de diosas entronizadas son civilizaciones pacificas, en las que no hacen falta grandes murallas, se vive en paz con los pueblos vecinos. La cultura del guerrero ya no se mide su valor con la inteligencia, o, su capacidad de dialogo, ahora la inteligencia se mide por la densidad y color del metal, capaz de someter imperios y derramar sangre. La muerte progresiva de las diosas Madres, eleva a inalcanzables moradas a los Dioses, ya muy lejanos de la Tierra y cada vez menos mortales..., El cristianismo acabara por culminar la obra ya iniciada, relegara a la mujer, a ser madre del enviado ni tan siquiera digna de abrir su vientre a un Dios, una mujer de cuerpo virgen, su carne ya no es generosa...., sólo se admira en ella la representación de la maternidad, de la mujer obediente que anda a unos pasos detrás de su esposo, de la que calla y cubre su rostro.... esa será la figura de Maria, la reconvertida Isis, el ejemplo a seguir para todas y cada una de las mujeres de la cristiandad. Así es como la Cristiandad separó a la mujer de todo lo espiritual, para ceñirla a los pecados de la carne, de los que siempre será culpable, y de los que sus hijos heredaran - por haber permanecido en su vientre 9 meses- ese pecado original que nos hace a todos mortalmente humanos. Quedará reservado para el hombre el poder del espíritu, y a él se le vinculara el alma, como máxima perfección de la creación inmaterial, o tal como explicaría la –Sumna- Aristotélica: la quinta esencia de la creación.........., con el Cristianismo moría toda posibilidad de volver al antiguo culto a la Tierra, a la Madre Naturaleza y con ellas, una puerta cerrada a cualquier culto ostentado y representado por la figura de la Mujer, como antigua portadora de sus dos máximas cualidades la vida y la paz...AOC

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