A partir de cantos rodados, del río Isabena; pizarras y areniscas, he aprendido a trabajar la piedra. El tiempo y la paciencia han sido mis únicos maestros, y allí donde no me llega el conocimiento, yo pongo un poco de imaginación y un mucho de voluntad.

2 comentarios:
No estoy de acuerdo: la vida no es un río, la muerte no es como llegar al mar y nosotros no somos juncos. Aunque esos paralelismos sean bonitos y queden bien. La voluntad humana casa muy mal con la cosita esa del "dejarse fluir". Resumiendo, que no somos hojas, vamos.
Y la erosión y el desgaste puede crear belleza, sí. Salvo cuando uno ronda la ancianidad y el desgaste es de cadera, rodillas y tal y tal.
Saludos
Anónimo, no somos hojas, pero tampoco salmones, aunque a veces nos guste eso de nadar a contra corriente.., a mí la primera.
No hablo de desgaste de cadera, boca desdentada, calvicies y demás secuelas de la ancianidad. Hablo de otro tipo de desgaste... Aunque, ya sabes, todo es relativo.
Saludos
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